Con el esceptisismo de muchos y la fé de otros, este mundo sigue siendo “balanceado” o prácticamente igual: progresivo para los que quieren y estancado (lo mismo) para los que también lo buscan (o mejor dicho, lo esperan), pero algo que siempre me he cuestionado grandemente es:  ¿De qué depende nuestra existencia (y en qué solidificar nuestras creencias): ciencia o de “Dios”? y ¿Hacia qué nos dirigimos o qué nos motiva a ser/hacer las cosas?.

Con el transcurso del tiempo me he dado cuenta que la creencia en Dios como fé real se ha ido disminuyendo, en un mundo que exige pruebas; pruebas que realmente se necesitan para creer en algo y es que creer en Dios es simplemente un dogma creado en nuestros principios, que van a verse reflejados dependiendo que tan bien hayan sido cimentados.

Cuando digo creencia en Dios como “fé real” me refiero a que muchos usan el creer en Dios como un argumento, las personas de escasos recursos dicen “Yo amo a Dios y no necesito dinero si lo tengo a él” y aunque no tengo nada en contra de este punto de vista, porque estoy de acuerdo con los diferentes criterios de las personas, sería bueno que dijeran esto si de verdad lo sienten, no como un argumento a su falta de capacidad para progresar o a su falta de esfuerzo para mejorar intelectual, social y económicamente.  Por el contrario los que disponen de mejor condición económica dicen “Si claro, yo creo en Dios, si el creó todo” y de igual manera que con el caso anterior, no estoy en contra, pero recalco que “Sientan” realmente y no que lo digan para parecer buenos.  Póngamos cada uno de los casos en su lado opuesto:  ¿Qué pasaría si los de escasos recursos que dicen “Yo amo a Dios y no necesito dinero si lo tengo a él”, les regalan una gran cantidad de dinero? ¿Seguirían pensando eso y donarían la mayor parte del dinero a fundaciones de labor altruista? o ¿Qué pasaría si los que dicen “Si claro, yo creo en Dios, si el creó todo”, no tuvieran para comer un día? ¿Todavía dijeran “si claro, creo en Dios” o dirían “Dios no existe, si existiera me ayudaría”.

También existe otro tipo de personas que usan del Dios Héroe, el Dios Milagroso, que les da la oportunidad de vivir más o a un familiar, por lo que se sienten comprometidos en creer en Dios porque sino este vendrá a cobrarles (algo estúpidamente ilógico).  Si hay que agradecer, pero no gastando su vida con él, sino fuera así, nunca se la hubiera devuelto.

Todos sabemos muy bien que de la ciencia depende generalmente nuestra existencia en la tierra, como un respaldo de experiencias pasadas que aseguran una probabilidad de que algo suceda, por lo que como lo fundamenta la teoría del idealismo, el conocimiento está formado sobre todo lo que hemos percibido durante el tiempo que hemos vivido.

Los que me conocen saben que yo soy una persona del 100%, si hago algo bien lo hago 100% bien (o al menos me esfuerzo el 100%, porque un número mayor es estadísticamente imposible), pero si me dedico a hacer algo mal, también lo hago 100% mal, quito completamente mi interés sobre eso.  Cuando menciono esto me refiero al tema que estoy tratando en este artículo: “Creer en Dios” y es que recuerdo que un par de años atrás yo asistía a la iglesia frecuentemente (más de dos días a la semana incluso), pero realmente lo hacía porque creía en Dios, creía en lo bueno que podemos ser como personas con la ayuda de Dios, pero con tanta gente dentro de la iglesia, que usa este tema como una imágen, que usa esto para relaciones sociales, que usa esto para cualquier otra cosa que no sea dedicarse a Dios, me desmotivé y me hizo no creer en la religión, aunque todavía creo en Dios.  Incluso en la biblia (Apocalipsis 3: 14-16) dice “O frío o caliente, tibio te vomito”, obviamente se refiere a creer en Dios, pero este texto es uno de los más importantes que he aplicado en mi vida y en los que me he basado para ser de 100%.

En fin, creo que lo ideal para sobrevivir en esta vida que a final de cuentas no sabemos si habrá un “Next chapter” es hacer las cosas que a uno lo satisfagan, lo hagan sentir bien que siempre ese es el objetivo, estar tranquilos y ser felices.  El concepto de felicidad para la mayoría de personas es totalmente diferente, pero en fin, mientras estemos bien y conformes con lo que somos/hacemos, esto es lo de menos.  Es como la anécdota que reza: “Un campesino estaba recostado sobre un árbol descansando y pasa a su lado un viajero bien vestido y con imágen de una persona exitosa y esta persona le dice al campesino ‘¿Qué haces? ponte a trabajar’ a lo que el campesino responde ‘¿Para qué trabajas tu?’, el viajero responde ‘Para hacer dinero’, el campesino insiste ‘¿Para qué quieres dinero?’, el viajero responde ‘Para ahorrar, comprarme una buena casa’ y el campesino pregunta  nuevamente ‘¿Y para qué quieres una buena casa?’, el viajero responde ‘Para descansar tranquilamente’ y el campesino dice al fin ‘Y eso no es lo que estoy haciendo pues’.  Esto no incita al conformismo, sino que únicamente nos muestra que cada persona tiene su propia perspectiva de las cosas.